En 1961, hace ya 60 años, se presentaba en Francia un modelo de automóvil que era tan sencillo en su fabricación y soluciones como revolucionario y polivalente. Se trata de una hazaña complicada cuando se habla de los franceses, que en aquel momento estaban a la vanguardia en cuanto a avances y creatividad en el automóvil se refiere.

Una vez acabada la ocupación nazi del país y finalizada la Segunda Guerra Mundial, Francia se puso manos a la obra para recuperar la infraestructura e industria. Gran parte de esta recuperación fue posible gracias al sector automovilístico, que una vez acabado el conflicto fijó como objetivo dar coches asequibles a las masas. La respuesta de Renault fue un pequeño coche de cuatro puertas y cuatro plazas con motor y propulsión trasera llamado el 4CV, que se presentó en 1947 y que tuvo el honor de ser uno de los coches que puso a los franceses sobre ruedas en la postguerra.

Solamente un año después, en 1948, se presenta un nuevo integrante en la categoría de coche popular, el Citroën 2CV, en el que la empresa llevaba trabajando desde antes de la Guerra con el fin de motorizar las zonas más rurales de Francia. Los primeros 2CV llevaban un motor de 375 centímetros cúbicos que desarrollaban 9 caballos a las ruedas delanteras, convirtiendo a este coche en uno de los modos de transportar a 4 adultos más básicos de la época.

A medida que avanzaron los años 50 el Citroën 2CV fue mejorando en sus prestaciones, y en 1961 Renault comprendió que era el momento de poner fin a la fabricación del 4CV del cual se habían fabricado más de un millón de unidades, pero, pese a la popularidad del modelo, en un país sinónimo con la tracción delantera, había que fabricar un sucesor que adoptase esta configuración que tan buen resultado como estaba dando en el 2CV.

Citroën contaba con más experiencia en la tracción delantera, siendo unos de los pioneros en esta técnica en los años 30. Renault, sin embargo, era nueva en este juego, habiendo introducido por primera vez la tracción delantera en la furgoneta Estafette en 1959.

Heredero de esta técnica nació entonces, en 1961, un modelo que compartía motor con la Estafette, el famoso Ventoux, en distintas cilindradas. El coche fue bautizado como Renault 4, iniciando una larga dinastía que perduraría hasta los 90 de coches que recibían su nombre de una cifra. Junto al Renault 4 nació un hermano llamado el Renault 3, que era aún más básico, y que estéticamente se diferenciaba con facilidad del 4 por carecer de ventanillas en el pilar trasero.

El diseño de estos primitivos Renault 4 estaba claramente inspirado en el Citroën 2CV contra el que competiría en ventas durante décadas, sus dimensiones y su forma eran realmente similares, además de soluciones como la palanca de cambios alojada en el salpicadero que recorría gran parte del vano motor, con la diferencia siendo que en los Renault la caja de cambios se situaba en la parte más frontal del coche.

A pesar de las similitudes entre competidores el Renault 4 difería en varios aspectos, la suspensión era algo más convencional que en el 2CV, el motor lo hubo en varias cilindradas, de entre 603 y 1108 centímetros cúbicos, con un denominador común, 4 cilindros en línea refrigerados por agua, lo que permitía unas prestaciones superiores a su rival. Aunque el aspecto que más destacaba del Renault 4 con respecto al 2CV era el portón trasero, que ya había aparecido en algunas versiones del Citroën Traction Avant, pero en el Renault realmente se popularizó gracias a la versatilidad que ofrecía.

En 1963 llegó a España este utilitario que logró un éxito instantáneo, que se prolongó durante más de 25 años que estuvo en producción en FASA, y gracias a su “bella mecánica” muchos han sobrevivido hasta nuestros días gracias a coleccionistas y en otros muchos casos en zonas rurales dando horas y horas de incansable servicio en caminos de tierra, donde muere antes la chapa que los resistentes motores “Cléon fonte”.

El predecesor, el 4CV, fue un coche que llegó a muchos países, llegándose a fabricar en España, siendo el modelo que inauguró la FASA, en Australia y en Japón bajo licencia Hino. También se vendió en mercados como Estados Unidos y Canadá. Es por esto que el Renault 4 tuvo que tomar el testigo del éxito internacional, algo que consiguió con creces, fabricándose en Francia, España, Portugal, Argentina, Chile, Colombia y Eslovenia, cuando aún era parte de la antigua Yugoslavia. También siguen en uso en muchos países de África, dando fe de su dureza, en Madagascar es uno de los taxis más comunes a día de hoy.

Resulta llamativo añadir que en 1967 se presenta en Francia un nuevo coche basado en el 2CV, el Citroën Dyane, que mejoraba varios aspectos sobre el coche original, incorporando también el portón. Solamente un año después Renault presenta el R6, como un modelo actualizado del 4. Curiosamente estos dos coches tuvieron una vida más corta que los modelos en los que se basaban, terminaron sobreviviendo tanto el 2CV y el Renault 4 al Dyane y R6.

El Renault 4 también tuvo versiones furgonetas, la 4F, basada en el 4, y la F6, con base de Renault 6. Otras variantes más “veraniegas” son el Renault 4 Plen Air descapotable, y el Renault Rodeo, claro competidor del Mehari de Citroën.

Finalmente, del Renault 4 se fabricaron más de 8 millones de unidades entre 1961 y 1993, convirtiéndose en el coche francés más vendido de la historia, hasta que fue superado, ya en el Siglo XXI, por el Peugeot 206, con más de 8,3 millones de coches.

Nadie sabe la cantidad de kilómetros que habrán recorrido todos esos Renault 4, y la cantidad de miles de historias que estos coches tendrán que contar, por fortuna aún quedan muchos Cuatro Latas en funcionamiento y se siguen sumando kilómetros y experiencias día a día.

Javier “Javillac” Ramiro Requena