Estados Unidos, 1966, hace 55 años, Lyndon B. Johnson es presidente, el país tiene más de 500.000 tropas en Vietnam, una guerra que terminarían perdiendo, y que ya por aquel entonces contaba con solamente un 37% de apoyo por parte de la población. De la oposición a la intervención estadounidense en el conflicto bélico y otra serie de tensiones sociales los años 60 pasaron a la historia como una época de cambio en América, en la que la contracultura se rebelaba contra todo lo establecido.

La Guerra de Vietnam fue una manera de demostrar dominancia entre los dos bloques de la Guerra Fría, el capitalista, representado por Estados Unidos, y el comunismo, representado por la Unión Soviética. Este afán por demostrar que ideología era superior era tan feroz que hizo que ambas potencias diesen fe de su progreso en el espacio. Para 1966 las misiones espaciales y los logros obtenidos en ellas eran noticia todos los meses. A pesar de todos estos avances que culminarían con la llegada del hombre a la Luna en 1969, el diseño del automóvil americano dejó de tomar inspiración de las naves espaciales a principios de la década.

Quizá por estos dos motivos Oldsmobile presentó para 1966 un coche que reflejaba que los tiempos estaban cambiando. La marca, que pertenecía al grupo automovilístico General Motors, había revolucionado el concepto del coche americano a finales de los años 40 con el Rocket 88, que popularizó y consolidó el motor V8 como el favorito de América. Pero para los años 60 el fabricante había perdido ese componente emocionante que hacía sus coches interesantes. Mientras tanto en GM otras marcas tenían sus propios coches especiales, Buick tenía el Riviera, Chevrolet el Corvette y Pontiac el Grand Prix, así que Oldsmobile quería también probar suerte con un vehículo que dejase boquiabierto al público.

El resultado fue un vehículo diseñado por David North y Bill Mitchell, que previamente habían trabajado en algunos de los vehículos más apreciados de General Motors. Su estética era bastante radical, no tenía nada que envidiar a los otros buques insignia de GM, un coupé estilo fastback con unos pasos de rueda muy definidos en la carrocería, un largo y estilizado morro, y faros escamoteables. El coche recibió el nombre Toronado, una adaptación de la palabra “Tornado”, quizá proveniente del caballo de El Zorro, que en algunas versiones americanas de la historia recibía el nombre Toronado. El nombre ya fue usado por un prototipo de Chevrolet en 1963.

Mecánicamente el Toronado reintrodujo una técnica de hacer coches que el país no veía desde antes de la Segunda Guerra Mundial, la tracción delantera, vista por última vez en los Cord de 1936 y 1937, es quizá por esto que los Toronado heredaron los faros escamoteables, como un pequeño homenaje al diseño de Gordon Buehrig que General Motors rechazó 30 años antes.

Oldsmobile ya había experimentado con la tracción delantera desde 1958, el resultado de estas investigaciones fue una caja de cambios automática de tres velocidades que transmitía la fuerza a las ruedas delanteras llamada UPP (Unitized Power Package), una de estas transmisiones fue probada durante 7 años y recorrió más de 1,5 millones de millas, o más de 2,4 millones de kilómetros, demostrando así su fiabilidad y dureza. A pesar de su transmisión el coche compartía chasis con el Buick Riviera, la plataforma E-Body de General Motors, que estaba pensada para coches de tracción trasera, esto se hizo para ahorrar costes.

El motor de este primer Toronado era un V8 de 425 pulgadas cúbicas, o 7 litros, que desarrollaba 385 caballos de fuerza, capaces de impulsar al vehículo de más de dos toneladas hasta los 209,3 kilómetros hora o 130 millas por hora. Para 1968 el motor incrementó en cilindrada hasta las 455 pulgadas cúbicas o 7,5 litros, sin embargo, su potencia disminuyó en 10 caballos.

El coche fue un éxito en su primer año 1966, se llegaron a vender 40.963 unidades, cifra máxima de ventas para el modelo que para 1967 se habían reducido a casi la mitad con 22.067 unidades vendidas. Por desgracia la popularidad alcanzada en su primer año en el mercado no volvió a superarse, no obstante, el vehículo contó con cuatro generaciones que mantuvieron el nombre del Toronado vivo hasta 1992.

Lo que si consiguió este coche fue popularizar la tracción delantera en Estados Unidos, pues a partir del Toronado, marcas como Cadillac comenzaron a emplear esta configuración en sus automóviles, llegando hasta un punto en el que la tracción delantera pasó a ser casi más habitual en los coches americanos que la tradicional trasera.

En España Oldsmobile nunca fue una de las marcas de importación que mayor representación tuvo en el parque automovilístico español, por lo que el Toronado, que ya de por sí era un modelo exclusivo, hizo que este coche fuese un verdadero unicornio en nuestras fronteras. Una unidad que se matriculó en la época en España era un Toronado que perteneció a la cantante y ganadora de Eurovisión en 1968, Massiel, coche que ha sobrevivido hasta nuestros días y que es el que se muestra en este artículo.

Javier “Javillac” Ramiro Requena