LA DESAPARICIÓN TEMPORAL DEL DESCAPOTABLE AMERICANO

Al igual que cada nación tiene su propia arquitectura, gastronomía y costumbres, cada país tiene una forma de hacer coches que les representa como cultura, a los alemanes se les da muy bien hacer berlinas seguras y confortables que son capaces de transportar a líderes políticos o de batir récords en Nürburgring, los italianos hacen deportivos atractivos e impresionantes y utilitarios de tacto agradable y divertidos para el día a día.

Quizá la aportación más celebrada al mundo del automóvil por parte de los Estados Unidos sean los “muscle cars”, el vehículo que mejor representa ese espíritu de libertad estadounidense sean los grandes descapotables impulsados por un motor V8, con los que recorrer las kilométricas carreteras americanas en confort y estilo.

Si bien a día de hoy la era del coche descapotable está pasando por sus horas más bajas, pues en los tiempos en los que los SUV prácticamente monopolizan el sector, estos coches de techo abierto suponen un porcentaje ínfimo de las ventas totales de coches. Pero en los años 70, la industria del automóvil era mucho más heterogénea que hoy en día, casi todos los fabricantes tenían en sus catálogos algún modelo descapotable, es por esto que sorprende que, en este momento, concretamente en 1976, Cadillac fabricase su último modelo “convertible” durante una temporada.

No es de extrañar que el motivo por el que Cadillac dejó de fabricar su buque insignia, que en ese momento era el El Dorado Convertible, no fue una decisión propia, sino una obligación, pues una ley que entraba en vigor obligaba a los modelos descapotables a superar unas pruebas para la seguridad de los ocupantes, en las que se comprobaba lo bien protegidos que estos estarían en caso de que el coche volcase. Incapaces de lograr los objetivos requeridos para seguir vendiendo descapotables, Cadillac anunció el 21 de abril de 1976 que no habría un El Dorado Convertible en 1977, con un comunicado en el que el director general de Cadillac, Edward C. Kennard, dijo: <<Al igual que los estribos o los asientos “ahí te pudras”, el descapotable es un elemento cuya historia ha acabado.>>

En aquel momento la demanda de descapotables seguía siendo alta, y con el fin de complacer las obligaciones legales algunos fabricantes que querían vender sus productos en Estados Unidos, incorporaron una jaula anti vuelco para proteger a los ocupantes en caso de accidente, los coches más icónicos que incorporaron esta medida de seguridad son el Triumph Stag, un coche que, como muchos otros deportivos descapotables británicos, tenía su mayoría de compradores en América, o el Volkswagen Golf Cabriolet, que en Estados Unidos se le asignó en nombre comercial de Volkswagen Rabbit Convertible, el cual recibió una pequeña barra por pilar B, que hizo que mucha gente lo apodase como “cesta de fresas”, aunque este mote no le impidió convertirse en un super ventas.

La solución de los estadounidenses para seguir sintiendo la fresca brisa en sus melenas mientras se conducía, fue el techo en forma de “T”, que hizo su primera aparición en el prototipo del gran diseñador Gordon Buehrig, de un coche llamado Tasco presentado en 1948, inspirado por los aviones del momento, aunque no fue hasta 1951 que éste patentó su invención. Estos techos en forma de “T”, o “T-tops” en inglés, no comenzaron a popularizarse hasta finales de los años 60, cuando se presenta la tercera generación del Chevrolet Corvette, que en sus versiones coupé presentaba este techo de serie. Una vez llegan los 70 y las medidas de seguridad para los pasajeros se endurecen los principales fabricantes de Estados Unidos (General Motors, Chrysler Corporation y Ford Motor Company), comienzan a implementar en sus modelos esta solución como alternativa a los descapotables, y pronto Cadillac será la única marca que continúe fabricando coches de este tipo sin verse así en la necesidad de incorporar el techo en forma de “T” en sus modelos.

Aunque la romántica idea del descapotable americano de los años 50 y 60 seguía dentro de los corazones de los consumidores estadounidenses, pero en este romance terminó en los 70, cuando la crisis del petróleo de 1973, la creación de la EPA (Agencia de Protección Medioambiental) y finalmente, el libro publicado por un joven abogado y activista Ralph Nader, titulado “Unsafe at any speed” o en español “Inseguro a cualquier velocidad” introdujeron una serie de cambios en la industria del automóvil que obligaba a los fabricantes a producir automóviles más seguros.

Todo esto hacía que el Cadillac El Dorado Convertible de 1976 fuese la representación de todo lo que estaba mal con Detroit en ese momento, pero que los americanos tanto amaban, un coche descapotable de dos puertas y que medía 5,692 metros, con una distancia entre ejes de 3,208 metros y con una anchura de 2,027 metros. Para mover los 2.304 kilos de coche, bajo el gran capó hay un motor V8 de 8.200 centímetros cúbicos, que a día de hoy sigue siendo teniendo el récord de mayor cubicaje en un automóvil de producción después de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de las monstruosas dimensiones del motor, tan solo generaba 215 caballos a las ruedas delanteras, generando la potencia necesaria llegar a cualquier sitio al límite de velocidad establecido por la vía, porque a pesar de que el coche puede alcanzar velocidades mayores, no es el automóvil para hacerlo, pues la concepción de este tipo de coche era la de viajar cómodamente, sin prisas.

Finalmente, no hubo descapotables americanos para 1977, y con el eco de la noticia los coleccionistas hicieron que la demanda de los que iban a ser los últimos Cadillac descapotables subiera, hasta tal punto que el fabricante hizo una edición especial de sólo 200 unidades pintadas en color blanco, para despedir a este icono americano, que junto al muscle cars vieron su desaparición a lo largo de la década de los 70. Estos coches se volvieron en coleccionables inmediatamente después de salir de la fábrica y su precio fue en aumento en los años siguientes al cese de producción de este coche.

No fue hasta 1981 que hubo novedades de un resurgir del descapotable en América, tanto fue así que hasta el New York Times publicó una noticia al respecto, en la cual decía que Chrysler Corporation bajo el mando de Lee Iacocca, padre del Ford Mustang, iba a lanzar la plataforma “K”, que traería los “convertibles” de nuevo al catálogo del grupo Chrysler, con un éxito arrollador, pues en el primer año pensaban vender 3.000 unidades de descapotables, que terminaron siendo 24.000, la clave según los ejecutivos fue lanzar el coche en primavera, para que los compradores disfruten del verano en su nuevo descapotable.

Ante este éxito Cadillac decidió volver a introducir los descapotables en 1982, cuando éstos regresaron mucha gente desconocía el motivo por el cual desaparecieron y la compañía alegó que el motivo fue que la incorporación de aire acondicionado lo que dejó obsoletos a los descapotables.

Al final, la vuelta del coche descapotable fue celebrada con alegría y en esa década surgió un pequeño renacer del automóvil de este tipo, hasta el punto que en el año 1989 se presentó el Mazda MX5 o Miata, el cual pronto se convirtió en el descapotable más vendido de la historia.

A día de hoy los descapotables parecen haber desaparecido del panorama automovilístico de nuevo, en un mar donde hasta los coches de los colores de coches son tristes, donde la paleta de colores se limita a blancos, grises y negros, a cada cual más. Pero quien sabe, quizá los cabrios, que ya hicieron una reaparición en los años 80, vuelvan a tener una nueva edad de oro en un futuro.

Javier "Javillac" Ramiro Requena

javillac@recambioclasico.com