Una fría mañana de diciembre de 1980, hace 40 años, un joven Carlos Sainz subía a los mandos de un Renault 5 TS para competir en su primera carrera oficial. Nadie lo sabía por aquel entonces, pero aquel chico de 18 de años pasaría a la historia como el mejor piloto de rallyes de todos los tiempos. En aquella primera competición el joven piloto ya demostró que no era uno más con un envidiable segundo puesto en su grupo, con unas condiciones gélidas que harían de esta primera prueba una muy exigente.

El Renault 5 TS fue un vehículo perfecto para formar grandes pilotos, como lo fue años antes el Renault 8 TS, coches que contaban con sus propias competiciones, las cuales sirvieron como academia para algunos de los grandes pilotos de este país. En un 8 TS iniciaron sus trayectorias pilotos tan señalados como Antonio Zanini y Salvador Cañellas. Por esto el R5 TS fue un digno sucesor como vehículo para instruir pilotos, especialmente en una época, 1980, en la que a los compactos GTI tardarían un par de años en comercializarse en España.

Después el R5 pasó a rodar por los circuitos, pues en 1981 la recién nacida Copa Nacional Seat Panda hizo que Carlos Sainz pudiese continuar su andanza en el mundo de los rallyes. Fue en esta competición cuando el joven Sainz comenzó a destacar en ese arte tan español de ganar y ser el mejor, quedando primeros en la copa y en las cuatro carreras en las que compitió. Ya en ese momento llamó la atención de un piloto consagrado como Antonio Zanini, el cual dijo en 1982: “Hay un chaval que corre con un Panda que nos va a retirar a todos”.

A partir de ahí el novato empezó a forjarse una carrera en las carreras, consiguiendo el respeto y aplauso de otros pilotos y ser objeto de deseo para las marcas, que en los años 80 lograron el mejor medio para publicitar sus innovaciones técnicas en los rallyes, pues la FIA creó una nueva categoría de coche en las que apenas existían restricciones, por lo que dio rienda suelta a los ingenieros para introducir a estos coches innovaciones como tracción total, turbocompresores. Esta categoría llamada Grupo B creó una era dorada en el mundo de los rallyes, en la que los coches parecían no tener límite de velocidad, aceleración y riesgo, y en la que Carlos Sainz tuvo la suerte de estar al volante de algunos de los coches más icónicos de esta época, como el Renault 5 Maxi Turbo o el Ford RS200.

Carlos Sainz destacaba en todo lo que hacía, y durante estos años del grupo B continuó ganando campeonatos y carreras, pero no fue hasta 1988 cuando la era dorada del piloto comenzó, con Luis Moya como copiloto, creando uno de los dúos más recordados en el mundo del deporte en nuestro país. En ese año y pilotando un coche de tracción trasera consiguió impresionar a los nórdicos en el Rally de los Mil Lagos, con una más que respetable sexta posición.

Para la temporada de 1989 Moya y Sainz ficharon por Toyota, creando así una combinación entre el dúo y el Celica que pronto se convirtió en un sinónimo de éxito. Cuando el piloto cumplió su décimo aniversario en las competiciones en 1990, consiguió conseguirse en la primera persona de origen no nórdico en ganar el Rally de los Mil Lagos, además de lograr el primer puesto en el Campeonato Mundial de Rallyes, al que le siguió un segundo dos años después en 1992, ambos con el Toyota Celica y Luis Moya como copiloto.

Los años 90 continuaron con Sainz fichando por múltiples equipos, en 1993 tuvo una temporada con Lancia que no fue muy fructífera, en 1994 y 1995 fichó por Subaru, en 1996 y 1997 por Ford, y en 1998 y 1999 con Toyota, siendo en la temporada de 1998 cuando la mala suerte no permitió a Carlos Sainz alcanzar la victoria del Campeonato Mundial de Rallyes, cuando el Corolla que pilotaba se averió en la última carrera del campeonato, dejando para los anales de la historia una frase de un desesperado Luis Moya que todo el mundo ha repetido cuando ha tenido algún problema mecánico con un coche, ese “trata de arrancarlo, Carlos”. Ese campeonato lo ganó Tommi Mäkinen, uno de los muchos grandes pilotos que competían en aquella época.

El nuevo milenio llevó a Carlos Sainz a pilotar para Ford con un Focus y para Citroën con un Xsara, vehículo con el que terminaría su andadura en el Campeonato Mundial de Rallyes en 2005, para pasar a una de las competiciones del motor más exigentes del mundo, el Rally Dakar, en el que comenzó a participar en 2006 con Volkswagen, con quienes ganaría en 2010, convirtiéndose en el primer español en ganar en la categoría de coches de esta competición, repitiendo triunfos en 2018 con Peugeot, y en 2020 con MINI.

Una vida de triunfos que a los 58 años le han sido reconocidos, no sólo con los aplausos y la admiración de los aficionados, en 2020 el piloto fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de los deportes, un premio que Carlos Sainz recogió con visible emoción, pues reconocimientos hacia una vida dedicada al deporte suelen reservarse para otro tipo de disciplinas que tienen la misma relevancia que el motor, aunque ámbitos como la Fórmula 1, los Rallyes o LeMans no suelen ocupar las primeras páginas de los periódicos. Además, este premio supone cierta justicia, pues otro piloto, pero de motociclismo, Ángel Nieto, falleció con 12+1 Campeonatos del Mundo de Motociclismo, pero sin el Princesa de Asturias para reconoces este mérito.

Más allá de todas las victorias, Campeonatos del Mundo y reconocimientos el mayor logro de Carlos Sainz es poder continuar con su estrella con su hijo, que no solo ha heredado su nombre, pero también su gusto por la velocidad y las carreras, pues a sus 26 años, en 2021 fichará por Ferrari, y ya ha conseguido 2 podios y una vuelta rápida, además de subirse a un monoplaza con apenas 20 años, siguiendo de esta manera los pasos de su progenitor y maestro.

Javier “Javillac” Ramiro Requena